La Mesa de Salomón


La mesa de Salomón

Junto con el Arca de la Alianza y la Menorah, la mesa de Salomón es uno de los objetos sagrados más importantes de la antiguedad. Su pista nos ha llevado hasta España, en concreto a la catedral de Jaen.
Hacia el 960 antes de nuestra Era, Salomón mandó construir un fastuoso templo que albergaría diversos tesoros que el Dios Yahvé necesitaba para su culto. Revestido de oro en su totalidad, su construcción y ornato se correspondía hasta el más mínimo detalle con un riguroso código simbólico, dictando la propia divinidad las medidas y peso inalterables del Arca de la Alianza -que contendría las Tablas de la Ley-, del candelabro de siete brazos o Menorah, y de la Mesa de los panes. Tras varios saqueos y restituciones, el templo judío fue asaltado por las legiones de Tito, en el año 70. El historiador romano Flavio Josefo refirió entonces que "fue tan grande el botín que hicieron los romanos, que el oro se vendió en Siria posteriormente sólo a la mitad de lo que valía antes" (Guerra de los judíos, VI, XXXII); Aunque, como puntualizó Gerard de Sede, sólo una parte del botín corrió esta suerte ya que las piezas más preciosas fueron llevadas a Roma: "Todo lo que las naciones más venturosas habían podido acumular de precioso, de más maravilloso y de más caro con el paso de los siglos, quedaba reunido aquel día para dar a conocer al mundo hasta qué punto se elevaba la grandeza del Imperio. Entre la gran cantidad de botines, los que destacaban con dorado brillo eran los que habían sido capturados en el templo de Jerusalén, la mesa de oro que pesaba varios talentos y el candelabro de oro..." (Josefo, Guerra de los judíos, VII, XVIII).

Los relieves del arco de este emperador, en la ciudad de Tíber, serían fieles testimonios de su triunfo y de la llegada de las piezas sagradas a este enclave, donde se guardarían en el templo de Júpiter Capitolino y en el palacio de los Césares, hasta el sitio del godo Alarico en el año 410.