| El Síndrome Strieber | |||
| El Síndrome Strieber (Parte 1) Desde mediados de 1988, los ufólogos españoles tienen un asunto más del que ocuparse: se trata de una insólita oleada de abducciones que, si bien es un tímido eco por la enorme cantidad de experiencias de este tipo que vive actualmente Estados Unidos, comienza a hacerse notar por el incremento progresivo de casos en nuestro país. Quienes han estudiado estos relatos -y su variante, conocida como -visitantes de dormitorio- los interpretan tanto como la primera aproximación masiva de seres extraterrestres a la Tierra, como el producto de una compleja patología mental en expansión. Todo comenzó en Noviembre de 1990, cuando sentados en la terraza de un céntrico café, Judith, con ojos vivos y habla desgarrada, me contaba así el inicio de la experiencia que tuvo mientras regresaba a casa. Había dejado a los niños en el colegio y en la curva de salida de la autopista una niebla muy espesa cubrió su coche. Sin saber cómo, cuándo, ni por qué, Judith apareció en otro lugar, aturdida con sus ideas confusas y un lapsus de tiempo perdido. Judith no podía sospechar que esta experiencia sería el detonante de una larga serie de extraños fenómenos que se desarrollarían en la intimidad de su dormitorio. Sucesos parecidos a los que tres años antes había recordado una apacible ama de casa, vecina de Barberá del Vallés, en la provincia de Barcelona. Desde el año 1968, también Mariví ha sido objeto de un exhaustivo seguimiento sobre su vida. Así, pudo saberse que había tenido un primer encuentro a los ocho años, cuando vivía en Málaga. Una noche, tres seres de baja estatura, piel rugosa y cabeza de gran tamaño, la cogieron en su habitación y la condujeron al interior de una -nave espacial- donde se le implantó un microaparato-. Lo que aparentemente eran sueños, con el tiempo se convirtieron en recuerdos de una triste realidad escondida en su inconsciente. El resplandor De no ser por la abundancia de personas que desde los más dispares lugares de nuestra geografía han relatado prácticamente lo mismo, estos increíbles hechos serían calificados como el resultado de mentes fantasiosas. Pero la experiencia me obliga a tratarlos sin desdén. A pesar que la proliferación de los -visitantes de dormitorio- parece coincidir con la publicación de dos libros: -Intrusos-, de Budd Hopkins, y -Comunión-, de Whitley Strieber, que abordan el tema de forma monográfica, la influencia de ambos es mínima en España. Días antes de que le recomendara la lectura de dichos libros a Judith, ésta ya había protagonizado una peculiar aventura en su dormitorio. Eran poco más de las once de la noche cuando ella y su marido decidieron acostarse. A los pocos minutos un tenue resplandor inundó la alcoba. Judith se incorporó y observó como la luz se concentraba hasta crear una esfera luminosa, que desapareció lentamente ante sus ojos. Esta luz reaparecería una semana más tarde acompañada de una inmovilidad de su cuerpo unido a la aparición de unos seres de baja estatura que la acosarían a partir de entonces. Este resplandor es una constante en los casos de "visitantes de dormitorio". Marga, una joven valenciana de veinte años, se despertó una noche a causa de esta luz. Al abrir los ojos, pudo ver a los pies de su cama un ser con la cabeza más grande de lo normal y mirada acechante. Antes de perder su recuerdo consciente, describió unos ojos negros y profundos. Los mismo ojos negros, que recordaba un joven de quince años de Irún y que otorgaba a sus visitantes un aspecto siniestro. Al igual que Judith, la presencia de estos seres iba acompañada de un agarrotamiento muscular que incluso afectaba a su garganta. Mariví además, llegó a establecer una relación entre la cantidad de visitantes y la ausencia de movimientos musculares. Según ella, cuanto mayor sea el número de visitantes, más dificultades tendremos para defendernos. El trato de estos seres hacia nosotros es, como puede apreciarse, aparentemente hostil. Pero un estudio efectuado por James Harder (miembro del Proyecto -Visit- que realizó estudios psicológicos a doscientos testigos) evidencia, sin embargo, lo contrario: en un 95 por ciento de los casos (una vez que el episodio ha sido revivido completamente) la experiencia resulta placentera e incluso beneficiosa. No han sido pocos los casos que han visto potenciadas sus facultades psíquicas o han logrado curar alguna enfermedad que les aquejaba. Judith no padecía ninguna enfermedad; ni siquiera estaba menstruando el día que tanto su almohada como sus sábanas aparecieron manchadas de sangre. Manchas acompañadas de una sensación peculiar en la faringe, la misma que se puede experimentar cuando se coloca una sonda nasogástrica. Fenómenos Físicos Los recuerdos se precipitaban atropelladamente en la mente de Judith, y ante la ausencia de respuestas obtuvo una angustia cada vez más acuciante. No sólo debía aprender a convivir con sus nuevos -amigos- sino que además tendría que ignorar una larga serie de fenómenos físicos que se irían produciendo a partir de entonces. El tocador de su dormitorio se lastimaría por efecto del calor; aparecerían pequeñas cicatrices en las manos, piernas y pecho, así como unos extraños círculos en el jardín de su casa. La experiencia de Judith no es la única que incluye un amplio espectro de fenómenos. Durante una de mis visitas al domicilio de Mariví pude constatar como un patito de goma presentaba varias quemaduras en las zonas más protuberantes. Asimismo, la perrita de esta testigo ofrecía unas calvas o peladas en su lomo. Este animal fue sometido a varias pruebas que fueron analizadas por la Universidad Autónoma de Bellaterra y en las que su conclusión más asombrosa, es no poder determinar el origen ni el motivo de dichas quemaduras. También María Dolores, que iniciaría sus experiencias, tras un conocido Avistamiento Ovni, en la zona del Vallés (Barcelona), ha experimentado en carne propia, el fenómeno de los visitantes. Una noche aparecieron en su barriga doce puntos, formando un triángulo que después de un año no ha desaparecido. Por recomendación de este Investigador, fue atendida por el doctor Llopis para que diagnosticara, que tipo de herpes podía actuar de una forma tan limitada. La exclamación del facultativo, al observar el triángulo fue: -No he visto nada parecido en mi vida-. Rocío, hija de la abducida, que ignoraba la razón por la que su madre había ido al médico, dijo: -Mamá, eso que te ha salido en la barriga ¿no tendrá forma de triángulo? Me he acordado, de que anoche soñé con un triángulo enorme y era tan luminoso que desperté asustada-. También Mariví, aludía a la figura del triángulo en algunas de sus experiencias: - Desde Septiembre 1968, diariamente comencé a soñar que me levantaba de la cama porque había ruido, salía al balcón de mi casa en Málaga, me asomaba y había un montón de gente corriendo, entre ellos mis vecinos asustados. Miraba al cielo y veía tres naves formando un triángulo, que es un símbolo que va asociado a casi todos mis recuerdos con respecto a ellos-. El Síndrome Strieber (Parte 2) La regresión hipnótica A mediados de Febrero, Judith continuaba experimentando nuevas visitas y manifestaciones de estos extraños visitantes. Una noche, mientras regresaba del hospital, en el que ejerce como auxiliar de enfermería, pudo observar una nube pequeña y redondeada, iluminada de una forma inusual. Al reparar en ella, la -nube- se dividió en tres partes y se desplazó hacia su izquierda. Impresionada, cuando llegó a su casa, su marido y sus tres hijos dormían ya, así que optó por tomar un calmante e intentar dormir. Pero a las cuatro de la madrugada se despertó sobresaltada porque sintió que alguien la había tocado. Diez minutos más tarde oyó una detonación al lado de la cama. En ese momento - recordará luego- sus músculos quedaron paralizados y perdería su recuerdo consciente. Un día, Judith decidió someterse a hipnosis para intentar averiguar si había algo en su subconsciente, que fuera la causa de todo aquello. Asistí expectante a la sesión. Estábamos a principios de Marzo, cuando realizábamos la primera sesión de regresión hipnótica, en la que nos centramos en el momento en que con su coche, se había introducido en aquella nube de la autopista que, a priori, parecía el origen de todos sus -males-. La respiración era cada vez más lenta y acompasada; sus músculos se encontraban cada vez más fláccidos; su mente, cada vez más relajada, viajaba a través del tiempo y del espacio. Pronto empezaría a recordar. Primero torpemente, luego, cuando los sucesos iban siendo más dramáticos, hablaría con claridad de su experiencia. Según el relato en estado hipnótico, al entrar en la niebla con su vehículo, se encontró ascendiendo de pronto con él en el interior de un potente haz de luz. Ante sus ojos aparecieron entonces varios seres macrocéfalos de baja estatura y, entre ellos, uno más alto que parecía ser el jefe. En algo parecido a una camilla se vio conducida al interior de una estancia ovoide, repleta de luz blanca que salía de todas partes, y en la que en una de sus paredes había una mesa de operaciones. A mi derecha -continúa explicando Judith- hay como dos monitores de televisión que emiten una suave luz azulada y una consola con mandos o botones, a la izquierda una especie de vitrina, en la que hay una especie de casco. Alguien está detrás de mí para tratar de ponerme ese "casco". Siento mucho miedo. Después de recordar y contar su experiencia, los abducidos suelen verse liberados de cargas psicológicas y, por lo general, desarrollan una nueva personalidad. La mayoría dicen haber sido sometidos a alguna suerte de manipulación cerebral, como Judith. Otros relatan operaciones tan extrañas como extracción de cerebro. Cuando me cogieron -nos contó Mariví- me llevaron a la típica mesa de operaciones que ellos utilizan; me trataron una serie de enanos, me pusieron cablecitos e historias y, entonces estaba tan asustada que tuve un paro cardíaco. No sé como funcionó -continuó la testigo- pero debí tener un viaje astral. Salí de mi cuerpo. Vi algo oscuro. Salí al pasillo donde había unas oquedades llenas de esos enanos, como empotrados. Mi experiencia Judith conocía mi modo de pensar. Sabía que en Agosto había estado trabajando en un proyecto de clasificación patológica del síndrome de los "visitantes de dormitorio" y que los resultados arrojaban un estado de aproximación al delirio. Tal vez por ello, cuando viajé hasta la casa de Judith, esta quiso que me hospedara en la habitación contigua a su alcoba, a fin de poder constatar yo mismo el origen de sus fobias. Ahora hubiera declinado la invitación, pero entonces la acepté gustoso. Sucedió en mi segunda noche en la casa. Judith y yo conversábamos en el salón, cuando de improviso, el perro se puso en guardia, a la vez que la televisión subía y bajaba de volumen a su antojo. Intercambiamos una mirada de complicidad. De repente, cuando todo parecía haber cesado, empezamos a escuchar unos cánticos. No voy a negar que empecé a asustarme, así es que le propuse irnos a acostar de inmediato. Yo intuía que tal vez aquella noche habría festival y en esta ocasión no quería perdérmelo. Desde luego estaba en el lugar adecuado. Preparé mi cámara, la grabadora y me estiré en la cama. Mis ojos se clavaron en el umbral de la puerta, a la espera que algo sucediese. No habrían pasado más de diez minutos, cuando el perro empezó a llorar y se escucharon unos pasos. Susurré el nombre de Judith, pero no me contestó. De pronto, pude observar como la sombra de un ser bajo y con la cabeza grande se cruzaba ante la puerta de mi aposento. Mi reacción fue sorprendente: no articulé movimiento alguno; sólo respiré profundamente y me quedé dormido. Cuando al día siguiente le comenté lo sucedido a Judith, entendió que ahora comprendería mejor su historia. Aunque todo pudiera estar provocado por la sugestión, había experimentado por unos momentos aquello que producía angustia no sólo a Judith, sino a centenares de personas en nuestro país. En busca de respuestas ¿Cuál es la naturaleza del estímulo que desencadena la secuencia del rapto en el testigo? Es difícil responder a esta cuestión. Por un lado resulta absurdo pensar en una civilización extraterrestre, se tome la molestia de venir hasta la Tierra montados en sus impresionantes naves para luego entrar en la habitación del tercero-segunda y controlar el estado de aquella mujer que secuestraron tiempo atrás. Sin embargo, resultan significativas las coincidencias temporales entre Avistamientos OVNI y las experiencias de los "visitantes de dormitorio". El caso de Judith, por ejemplo, ha coincidido en varias ocasiones con experiencias OVNIs reportadas por pilotos de avión, o el caso de María Dolores, que se produjo después de un multitudinario Avistamiento en la ciudad de Tarrasa. se requiere, pues, una respuesta que contemple el fenómeno en toda su amplitud. Tal vez la hipótesis DIANA (Delirio Individual de Agresión Nocturna Alienígena) presentada por Javier Sierra y por mí, durante las Primeras Jornadas de Ufología y Parapsicología de Las Palmas de Gran Canaria, pueda constituirse en una alternativa para explicar en su conjunto las experiencias de visitantes. Esta hipótesis que tratamos en artículo aparte, permite conjugar la idea Psicosociológica, la Parasicológica e incluso la Ufológica, pues creemos que existe un estímulo exterior, que desencadena el relato y, por tanto, resulta más flexible a la hora de explicar el problema. |
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